- Vamos a llegar tarde por tu culpa – dijo Katia irritada mientras sacaba de su pequeño bolso una lápiz labial.
Estaba muy bien vestida. Llevaba un elegante vestido negro brillante con unas diminutas piedras transparentes que cruzaban su esbelto cuerpo. Su pelo estaba recogido esa noche. Usualmente lo lleva suelto. Dejaba que se balanceara de un lado para el otro y caminaba delicadamente moviendo sus hermosas caderas. Tenía que decir que estaba saliendo con una de las chicas más lindas del colegio. Todos pensaban que en ella no había ningún defecto y para ser sincero yo fui uno de los muchos que pensaron en aquello. Pero ahora que la tenía de cerca todo el tiempo estaba cambiando de opinión.
Su carácter era muy fuerte y posesivo. Si no obtenía lo que estaba buscando por las buenas, se encargaba de obtenerlo por las malas. Sí, era una chica muy linda y muy querida por todo el mundo pero con un temperamento insoportable.
Estábamos en el auto de mi papá camino a la casa de John. La autopista por la que iba manejando estaba muy sola y mal iluminada. El viento aún soplaba con gran fuerza y varias hojas e insectos estrellados en el parabrisas dificultaban la visibilidad. Y mientras trataba de llegar vivo a la fiesta tenía que soportar la cantaleta de Katia.
- Es que nunca haces nada bien – decía mientras se colocaba un poco de su lápiz labial. Para mi aún es algo complicado de entender cómo pueden usar adecuadamente de ese instrumento mientras están hablando como locas -. Siempre lo estás estropeando todo.
- ¿Podrías callarte? – dije algo irritado –. Intento concentrarme.
- Sí… Concentrarte… ¡Claro! ¿Por qué no te concentraste en llegar a recogerme temprano?
En ese momento pude ver un enorme agujero que cruzaba la mitad de la carretera. Giré el volante a la izquierda con brusquedad y pasé justo en la mitad del hueco. Tan rápido como me lo esperaba escuché el chillido de rabia de Katia.
- ¡Gracias genio de la noche! – me miraba con aquellos ojos llenos de ira. Tenía lápiz cruzándole toda su mejilla hasta su oreja derecha – Ni manejar sabes.
- Lo siento – mi tono de voz sonó demasiado irónico. Esto la enfureció aún más.
Esperaba que estallara de nuevo otra serie de cantaleta y regaños pero el timbre de un celular salvó mis oídos. Como una loca, Katia empezó a revolcar su bolso hasta que encontró su diminuto teléfono celular. Levantó la tapa con delicadeza y se lo llevó su oído izquierdo.
- Hello – contestó
- ¿Pero en dónde diablos te encuentras? – la voz detrás del móvil era tan fuerte que pude escucharla.
- Hubo algunos retrasos en el camino – me lanzó una mirada fulminante -. Pero no te preocupes que ya casi llegamos, Sara.
- Eso espero, Katia. Quiero verte antes de que él llegue. – sonó angustiada.
- Ahí estaré – cuando parecía que ya iba a colgar se apresuró a decir -. ¿Hay algún problema de que me quede esta noche en tu casa?
- No, por supuesto que no.
- Ok. Nos vemos en un momento.
- Apresúrate, ¡por favor!
- Relájate – dijo con una sonrisa en su cara –“ Bye”.
Volvió a meter su celular en su bolso y sacó un paquete de pañuelos con los que se empezó a limpiar la cara.
- Pensé que esta noche te dejaría en tu casa – dije algo extrañado.
Katia dejó caer su mano sobre sus piernas y arqueó tanto las cejas que pensé que se había desfigurado el rostro.
- ¡Después de lo que hiciste esta noche!
- Por favor – solté un suspiro -, esto es una estupidez, Katia.
- No. Esto no es ninguna estupidez, Daniel – entonces empezó a mover las manos y los brazos descontroladamente –. Se trata de mi mejor amiga, de lo mucho que significa para ella este momento, de su futuro…
- ¿De qué rayos estás hablando?
- Claro, tú no entiendes. Ni siquiera tienes amigos – alzó su mirada al cielo y volvió a concentrarse en su mejilla sucia.
No dije más nada. Era obvio que se trataba de una de aquellas estupideces con las que salía siempre y más si tenía que ver con su amiga. Siempre había pensado que Sara era una muy mala influencia para Katia. No es que fuera uno de aquellos novios machistas que siempre quieren tener a su pareja atada las veinticuatro horas del día, es más, odiaba mucho aquello. No, la cosa iba por otro lado. Katia era una persona muy brillante (a pesar de todo) y su inteligencia no tenía límites cuando se proponía hacer las cosas con mucho empeño. Pero siempre que intentaba hacerle caer en cuenta de las grandes capacidades que tenía, aparecía en medio Sara, la mejor amiga de Katia y, para desgracia de todos, la joven más hueca y cabeza dura de todo el colegio. (Bueno, más bien compartían el mismo puesto ella, Jenny y una docena más de chicas que solo pensaban en vestidos, maquillaje y novios) Y yo comenzaba a sospechar que aquella ayuda que tanto requería Sara tenía que ver con muchachos.
- Dobla por esta, Daniel – la voz de Katia sacudió mis oídos y me indicó que doblara a la derecha -. Cuidado con eso.
Acabábamos de entrar en el lugar de estacionamiento de la casa de John. Estaba abarrotada de carros y motocicletas de todos lo colores y tamaños. A todos lados que volvía mi miraba me chocaba con un auto ocupando hasta el más mínimo lugar del angosto espacio.
- Tendremos que estacionar afuera – dijo apresurada Katia.
- De ninguna manera. Está prohibido a esta hora.
- ¿Tienes alguna otra idea? Te escucho – alzó la voz y comenzó a utilizar ese tono de sarcasmo verdaderamente fastidioso -. Pero nada de esto hubiera pasado si tú no hubieras llegado tarde…
- ¡Basta! – exclamé harto -. Dejaremos el auto afuera.
Después de dejar muy bien estacionado el carro y cerrar bien las ventanas, nos dirigimos a la entrada de la casa. Katia daba grandes zancadas mientras caminábamos en medio del jardín bien cuidado. La música en alto volumen y los gritos se escuchaba por todo el lugar; dentro de la casa se podían ver varias personas bailando y moviéndose bruscamente.
- ¡Hemos llegado tarde por tu culpa! – arremetió de nuevo, gruñó y dijo entre dientes algo que entendí como “hombres”. Llamé a la puerta con fuerza y mientras esperábamos estalló de nuevo.
- Ahora cállate. No quiero que hables.
- ¿Cuál es tu maldito problema?
En ese momento la puerta se abrió de un portazo y un chico alto, flacuchento, con la mirada perdida y con la cara muy roja, se asomó por ella.
- Err – balbuceó.
- Buenas noches, Henry – me apresuré a decir.
- ¡Ah! – su rostro cambió de expresión y soltó una carcajada. Se tambaleó a la izquierda y comenzó a decir unas palabras que ninguno de los dos entendimos – P… pero shi… ¡Hip!... tene… mois … nerd ke la nofia…
- ¡Quítate! – Katia empujó a Henry con brusquedad y entró con paso firme. El chico cayó estrepitosamente al suelo y se quedó tendido allí sin mover un dedo.
Preocupado por el estado de Henry me arrodillé para asegurarme que estaba bien pero en ese momento la voz de Katia se escuchó en medio de la bulla.
- ¡Apresúrate!
- No te preocupes por él. –volví mi mirada y la cara pálida de John apareció entre dos chicas que se movían suavemente -. Yo me encargo.
- Pero…
- Ya lo escuchaste, -la mano de Katia me haló con fuerza y me condujo a la sala de la casa -, John se encargará.
Antes de desaparecer entre las personas volví mi mirada y me di cuenta que John seguía bailando con aquellas dos chicas.
La sala estaba abarrotada de gente hasta el techo. La música retumbaba las paredes y el humo de los cigarros encendidos daban un aspecto fúnebre al lugar. Me aferré con fuerza a la mano de Katia para no perderla de vista mientras avanzábamos en medio de los movimientos bruscos productos del baile. Por fin llegamos a un lugar despejado y un poco más fresco. Una joven alta, esbelta, de pelo negro y ondulado esperaba con los brazos cruzados al lado de un mesa llena de vasos desechables y bebidas alcohólicas.
La reacción de Katia al ver a su mejor amiga fue efusiva (siendo sincero lo llamaba “El ritual”) Sacudieron sus brazos en el aire un par de veces; luego se tomaron de las manos y se besaron cuatro veces en cada lado de la cara sin tocarse las mejillas. Cada beso significaba un mensaje en el oído… Quiero decir, “información discretamente comunicada”; por último, para terminar el ritual, el elogio de cada una por el vestuario que llevaban puestas.
- Ahora sí cuéntame, Sara. – bajó la voz - ¿Cómo vez la situación?
- No lo sé, “My friend”. Estoy nerviosa.
- Tranquila. Todo va a salir bien.
- Eso espero – Sara sacudió las manos y lanzó una mirada al cielo.
- Te lo aseguro. – giró sobre sus pies y tomó dos vasos de vodka puro. Le pasó uno a su amiga y brindaron a fondo blanco -. ¡Wow!, está fuerte. Bueno, analicemos la situación. ¿Ya llegó tu hombre?
- “¡God!” No, no ha llegado –arrugó el rostro y regresó el vaso a la mesa -. Pero no es eso lo que me preocupa.
- Sí, lo sé muy bien. Hay más buitres en el cielo. Pero tú tranquila, vamos a localizarlos.
Sara sonrió nerviosamente y volvió su mirada a la derecha. Apuntó con su dedo a una esquina de la sala en donde dos niñas hablaban furtivamente.
- Las gemelas May. Han estado detrás de Eduardo desde que se enteraron de su ruptura con Camila…
¡Eduardo vendría a la fiesta! Pero por supuesto. Que estúpido había sido. Era uno de los chicos más populares de todo el colegio cómo no iba a asistir a esa en particular. Traté de disimular mi sorpresa ante esta nueva noticia y seguí escuchando.
- . . . Tienen un muy buen cuerpo y sus piernas no se comparan con las de ninguna… - a esta última afirmación a Katia se les desorbitaron los ojos-. Hmmm, bueno, excepción de las tuyas… pero, son buena competencia…
- ¡Estás equivocada! Ningún hombre se aguantaría a dos gemelas irritables peleándose la una con la otra por un mismo “juguete”… Hermosas, pero insoportables.
- ¿Qué me dices de Aura? – dijo señalando otra mesa ubicada en la esquina izquierda donde una chica de pelo rojizo llenaba su vaso de vodka.
Katia soltó una risotada. Cogió otro vaso de licor y se lo llevó a la boca. Sacudió la cabeza delicadamente y volvió a llenar su vaso.
- ¡Ese fenómeno! Acaso no sabes el chisme que soltaron las de mi grupo. ¡Tiene una “teta” más grande que la otra! La vieron en las duchas. Dicen que las tiene tan disparejas que tiene que colocarse una pelota entera de papel higiénico para poder igualarlas.
- ¡Gosh! Pero que horror.
La conversación me estaba aburriendo. Miré a mí alrededor para echar un vistazo. Todo seguía igual: la música sonando, personas bailando y saltando como locas, varias parejas sentadas en los sillones besándose…
Entonces un pequeño grupo que estaba cerca de uno de los sillones me hizo señas para que me acercara. No podía ver bien quienes eran pero aún así me estaba hartando de no estar haciendo nada.
- Hola – me dijo uno de ellos al acercarme.
Cual fue mi sorpresa cuando vi que era el mismo chico con el que había hablado en la enfermería. Su porte era muy elegante y se veía espectacular. Estreché su mano y sonreí vagamente. Él me miró a los ojos y sonrió de forma natural.
- Aún tienes el golpe en tu cara. ¡Vaya que tuvo que doler!
- Sí. Pero el doctor dijo que no era nada grave.
- Bueno, eso son buenas noticias. Oye, te presento a dos amigos – señaló primero al que tenía a su derecha – Él se llama Víctor.
- Todos me llaman Vick.
- Y él es Carlos. – señaló a su izquierda y estreché la delicada mano de Carlos.
- Mucho gusto en conocerlos. – me apresuré a decir.
- Daniel es un chico genial – aquellas palabras me sorprendieron – lo conocí en la enfermería del colegio cuando me escapé de clase. El pobre estaba tan enfermo que no sabía lo que decía.
Oops!... un baldado de agua fría pareció caer sobre mi. Dios, este chico sabía o sospechaba algo…
Un momento.
Me había percatado que no sabía ni siquiera su nombre.
- Siento mucho desilusionarlo pero en realidad sí me acuerdo de todo lo que dije e hice. Y claramente me acuerdo que usted no me dijo su nombre ni aquí ni en la enfermería.
Víctor tomó una postura seria al terminar mis palabras y por el contrario Carlos hacía lo posible por no soltar una risa que se le salía por los poros. Por otro lado, el tipo se enderezó lo más que pudo y sonrió levemente.
- Tienes razón. – miró hacía un lado y volvió a decir -. Mi nombre es Oscar. Mucho gusto.
- Al parecer a Oscar se le acabaron los modales. – soltó Carlos riéndose estrepitosamente.
- ¡Modales! – exclamó Vick irrisoriamente -. ¡Pero si nunca los ha tenido!
- Está bueno. Basta. – dijo Oscar tratando de parecer serio pero la risa contenida lo delataba -. Estamos en una fiesta. Nuestro deber es pasarla bien.
- De cualquier manera ¿cómo la vamos a pasar bien si todas las chicas del colegio están pensando en otros asuntos? – gritó Carlos mirando hacía a un lado – Miren, ni siquiera la novia de Daniel está con él. Las mujeres son tan difíciles de entender.
- Sí, tienes razón. Pero no imposibles. – dijo Vick pasándome un vaso de vodka lleno hasta el borde - No es que me quiera dármelas del muy sabe-lo-todo pero las he analizado y puedo inferir que son como los perras – a esto último alzó un poco la voz y enfatizó en su tono la última palabra.
- ¿Cómo dices? – preguntó exaltado Carlos.
- Sí, como las perras. Esas que hacen “guao-guao”. Solo tienes que acariciarlas, consentirlas, tratarlas bien y aguantarles su inmadurez y estupideces hasta que por fin “dan papaya” (termino utilizado en Colombia que significa “dar la oportunidad”) y ¡ZAS! Les quitas la virginidad y cambian.
- Pero si eso es horrible. – dije en voz alta. Los tres me miraron extrañados. Tomé un sorbo de mi vaso y volví a decir -. Quiero decir, esa comparación es un poco exagerada.
- No, para nada. Es la pura verdad. Y es que no estás hablando con ningún estúpido, Daniel. Yo mismo las he analizado. Mi experiencia no se compara con la de ninguno de ustedes. No pongas en duda lo que Vick te dice si de mujeres se trata. – se llevó el vaso a su boca y terminó lo que había en él – Arrrrg. Está fuerte. Ahora si me disculpan tengo que ir a cazar perritas.
Haciendo lo que me pareció un aullido de perro tiró el vaso a un lado y se mezcló con la gente que bailaba en medio de la sala. Oscar estaba rojo, más que de vergüenza de risa.
- Tienes que disculparlo, Daniel… - se apresuró a decir.
- Tranquilo. No pasa nada. – sonreí.
Después de un tiempo en el que ninguno de los tres hablamos Carlos rompió el hielo preguntando:
- ¿Y cómo conociste a Katia?
- Erm, bueno, en realidad es una larga historia…
- Sí. Si omitimos el hecho de que se la bajaste Eduardo. – atajó Oscar.
- No, no es cierto. Ella decidió terminar con él, así que yo no tuve velas en ese entierro.
- Pero eso no importar. – agregó Carlos y miró a su amigo-. Además, tú no eras el que decía que Eduardo no quería a Katia y que se sentía confundido.
Oscar afirmó con un movimiento de cabeza.
- ¿Confundido?
- Así es, - se apresuró a tomar la palabra Carlos -, le contó a Oscar que estaba muy confundido acerca de su relación con Katia. Pero yo no me como ese cuento. Estoy más que seguro que debía tener su ‘guardado”.
- ¿A qué se refiere con guardado?
- Pues al hecho de que tenía otra chica. Seamos realistas, Katia es la mujer perfecta (y te felicito, Daniel) como para dejarla ir asi no mas. – tomó aire, sonrió y dijo – Es eso o el tipo es gay.
Oscar se atragantó con el licor y comenzó a toser fuertemente. Dibujó una sonrisa forzada y dijo:
- ¡Eduardo gay! Definitivamente has tomado demasiado.
- Solo son teorías. – se encogió de hombros.
Noté un poco extraño a Oscar con el tema así que pensé en algo rápido para cambiar el tópico.
- ¿Tú tienes novia? – me aventuré a preguntarle.
- No, desafortunadamente no.
- Pero estoy seguro de que te gusta alguna chica.
- ¿Qué si le gusta alguna chica? – repitió burlonamente Carlos – Dios, a este muchacho no le gustan las chicas…
- ¿Ah… no? – lo miré detenidamente.
- ¡No! Él se obsesiona con ellas – mis nervios se calmaron un poco –. Ha estado botando la baba por Sara desde el año pasado. Sí, la amiga de tu novia. Y el muy tonto no ha sido capaz de decirle nada.
- ¡No es cierto! – exclamó Oscar riéndose.
En ese momento se acercó Vick a nosotros junto con una chica de noveno un poco más baja que él. La tomó de la mano y sonrió al grupo.
- Adivinen quién llegó hace unos segundos.
- Tu abuela. Esa señora que tira piedras a los transeúntes. – dijo Carlos riendo.
- ¡Quieres ganarte otro puño! No. Es Eduardo. Y ya saben lo que eso significa para ustedes muchacho. Si no consiguieron pareja antes de que él llegara, no la van a conseguir con él acá. – rió fuertemente y se fue con la chica de noveno a la “pista” de baile.
Se había llegado el momento. Había llegado el invitado más esperado de la noche. Estaba más que seguro que muchas cosas sucederían en el momento que cruzara esta puerta y se encontrara con todas esas “fieras” hambrientas esperando a devorarlo. Ya me imaginaba a Eduardo rodeado de todas esas chicas y decidiendo cual sería con la que se quedaría esa noche. Era tan predecible que hasta podría venderle el alma al diablo si asi no fuera. Y es que ser el chico más popular de la escuela tenía sus ventajas: todas querían estar, hablar o en la mayoría de los casos tener una “fantasía” con él.
Mis pensamientos se vieron interrumpidos por la voz de Oscar.
Cuando me volví mi cuerpo quedó completamente congelado. No podía creer lo que estaba viendo. Sus ojos cafés, nariz respingada, ese rostro rojizo y delicado, su pelo negro un poco alborotado y su porte erguido y seguro era todo lo que podía ver en ese momento. Todo a mí alrededor se nubló mientras él brillaba con luz propia.
- Daniel, te presento a Eduardo.
- Err. - balbuceé
¡Diablos! Me presentan al chico que me gusta y por quien estoy confundido y lo único que sé decir es “err.” Enderecé mi posición y aclaré mi garganta.
- Mucho gusto. – cuando estreché su mano por todo mi cuerpo recorrió una fuerte corriente que subió desde los pies hasta la cabeza. Mi respiración se aceleró y me puse muy nervioso.
- ¿Te sientes bien? – su voz fuerte y varonil retumbó en mis oídos. Algo empezó a crecer en mis pantaloncillos. Parecía que se fuera a salirse de su sitio. Tan emocionado estaba que temí con todas mis fuerzas que pudiera rasgar el pantalón.
<< Contrólate. Contrólate. Contrólate>>
- Err. No,… quiero decir sí,… quiero decir, todo está muy bien.
Eduardo miró a su amigo un poco extrañado y lo único que se me ocurrió hacer en ese momento fue tomar vodka. Me sentía tan estúpido. No pudo salir peor y lo que es más si seguía haciendo ese tipo de idioteces cada vez que lo veía me delataría yo solo.
- Daniel es uno de los muchos que se sienten un poco desconcertados por al decisión que tomaste con respecto a Jenny. – Oscar tuvo que alzar un poco más la voz pues la música ahora estaba mucho más fuerte.
Me sorprendió de nuevo. ¿Qué se tramaba diciendo todo eso?
- No le prestes atención. Quién soy yo para decirlo. – no podía dejar de mirar. Estaba tan cerca de mí y perder la oportunidad de contemplarlo así no se presentaría nunca más.
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- Bueno, eres el más inteligente de todo el colegio. Tienes las mejores calificaciones y una de las promesas para este país… qué más quieres – sonrió. Hablaba con tanta naturaleza. Su voz transmitía seguridad y confianza y eso me gustaba DEMASIADO.
Pude sentir que “aquello” creció aún más.
<<¡Contrólate!>>
- Prepárate porque aquí viene tu tormento – dijo Carlos dirigiéndose a Oscar.
- No me digas que es Sara. – rió Eduardo y me miró de reojo.
¡Me había mirado!... Ya sé que es algo estúpido pero cuando a uno le gusta alguien con cualquier cosa se emociona.
Entonces llegaron a la escena como dos modelos internacionales Katia y Sara. Como era de esperarme Katia viviendo siempre de las apariencias. Ya verán por que.
- ¡Hola, mi amor! – exclamó dulcemente y me dio un beso -. Te estaba buscando. ¿Dónde has estado?
Su aliento tenía un fuerte olor a licor.
- Hablando con Oscar quien me presentó a Carlos y Eduardo. – al mencionar a esté último no puede evitar una prolongada mirada.
<< ¡Despierta, Daniel! Al lado está tu novia>>
- Hola Eduardo. ¿Cómo has estado? Mira, te presento a mi mejor amiga, Sara.
Sara dio un paso al frente dándole la espalda a Oscar.
- Creo que ya nos habíamos conocido. – dijo Eduardo.
- No. – la delicada voz de Sara salió a flote -. Nunca. Tal vez si nos habíamos visto por ahí pero no nos habían presentado – esa sonrisa que puso se vio tan postiza.
- Creo que el tormento ahora bien para Eduardo. – murmuró Carlos
En ese momento llegaron las gemelas May con paso firme. Miraron con desprecio a Katia y se instalaron justo en frente de Eduardo, al lado de Sara.
- Bailas conmigo, Eduardo. – dijeron al unísimo con voz de niña consentida.
- Pero que fáciles son. – volvió a murmurar Carlos.
- No. Él va a bailar conmigo. – gritó Carla desesperada.
Por el contrario su hermana, Melisa, sonreía forzadamente a Eduardo.
- Cállate. – dijo en voz muy baja sin dejar de sonreír.
- No, cállate tú. Siempre me estás diciendo qué hacer y cómo hacerlo. ¡Estoy harta de ti!
- No le prestes atención, Eduardo. Es que se la ha pasado bebiendo.
Carla se encolerizó de la ira y cuando estaba apunto de saltar sobre su hermana, Katia intervino diciendo.
- Lo siento, chicas. Lamento decirles que Eduardo va a bailar con Sara. – fue tan notorio el empujón que esta le dio a su amiga por la espalda.
- Sí. Vamos a bailar.
Sara tomó de la mano al desconcertado muchacho y se alejaron rápido.
- Cómo envidio a ese tonto. – dijo entre dientes Oscar, me miró de reojo y corrió cerca de la mesa.
La música retumbando por toda la casa. Personas bailando aún más descontroladamente por los efectos del alcohol. “El chico popular” bailando con una pareja impuesta. Las “Gemelas May” discutiendo como locas desenfrenadas. Katia con cara de seria solo servía otro trago. Carlos bebía vodka mientras trataba de ocultar su risa. Oscar apartado en un rincón fumaba un cigarro que había sacado de su bolsillo. Y yo, parado en medio de nadie, con un vaso de licor repleto, veía cómo bailaba ese muchacho que me traía loco mientras mi confusión desaparecía lentamente.
Y la noche a penas empezaba…

6 comentarios:
Pero por que lo dejan siempre iniciados!... que pasa en la fiesta?!!!... No estoy seguro pero voy a dar mi apreciacion: creo que Oscar, el nino de la enfermeria, es GAY!!!!... tengo ese precentimiento!... y que algo pasa con Daniel. QUIERO LEER MAS!!!!
felicitaciones Alfred... super bueno!!!!
Me ha parecido super interesante el trama de la historia y pues con un tema tan cotidiano y tan poco tratado por los medios que hace de este relato algo emocionante.....me gustaria que pues no nos dejaran tan desconcertados y tan a la espectativa de que va a ocurrir despues....
Alfred...te felicito por el buen manejo de las escenas y de las emociones de los personajes que hacen de esta, una historia muy completa y emocionante.....
Att:Mauro...
Hola, pues que buena historia...quisiera saber como van las cosas...me imagino que lindo debe ser ese eduardo y que mente tan brillante la el escritor al narrar de manera tn grafica cada locacion y emociones de los personajes...please terminala rápido...
me parece q la historia va muy interesante ya quiero saber q mas va a pasar en la dichosa fiesta
Realmente buena la historia, estoy totalmente envuelto, la narracion, las escenas, el lenguaje utilizado, todo. Espero seguir leyendo, es super interesante.
Falta madurez narrativa y se asemeja mucho a las narraciones de la revista Cosmopolita o de los best-sellers. Creo que el autor debe investigar mas sobre como escribir una novela, leer mucho mas. Aunque el tema es interesante y los saltos temporales igual, no deja de parecer un escrito de adolescente... falta mucho tabajo
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