I
Ahí estaba, con paso seguro por en medio de los terrenos del colegio. Rodeado por sus compañeros de salón sonreía como siempre lo hacía. Desafiando siempre los regaños de los profesores y enfrentando siempre con estilo las miradas de todas las niñas que lo seguían enamoradas de él. Ese muchacho me atraía, no sabía por qué… estaba muy confundido.
Nunca me había pasado algo igual. ¿Qué un muchacho me atrajera? Debía estar muy mal o tal vez enfermo.
Entonces nuestras miradas se cruzaron, sus ojos se clavaron en los míos por unos pequeños instantes que parecieron una eternidad. Después, como por instinto, bajé la mirada a mi refresco y le di un sorbo. No quería que sospechara, ni tampoco dar muestras que me gustaba. Me sentía mal por lo que me estaba pasando…
- ¡Hola! – era Katia, mi novia.
La besé en sus delicados labios rojos como nunca lo había hecho. Sentí su respiración tan dulce y refrescante. Nos separamos y la miré fijamente a sus ojos.
- ¡Wow! – soltó un suspiro de sorpresa - ¿Qué fue eso, Daniel?
- Nada – le sonreí – Es solo que te extrañaba.
Sus ojos le brillaban de felicidad y una sonrisa se dibujó en su angelical rostro. Enseguida se abalanzó sobre mí y me abrazó con fuerza.
Mientras lo hacía me atreví a mirar de nuevo aquel chico, que ahora estaba hablando con Jenny, una de las chicas más deseadas por los alumnos del colegio.
Él reía con naturaleza mientras Jenny se balanceaba de lado a lado sobre sus pies y movía sus manos de modo nervioso. Entonces la sola imagen de él se quedó en mi mente: sus cabellos medio largos y negros, sus ojos café claros brillantes ante la luz del tenue sol, su rostro rojizo y sus labios… delgados y bien delineados marcaban su boca.
- ¿Qué estás mirando? – la pregunta de Katia me sacó de mis pensamientos. Ella se volvió y vio quienes estaban en el fondo y profirió un bramido - ¿Estás mirando a la zorra de Jenny con el patético ese?
- ¡No! – me apresuré a decir – Mi amor, yo solo tengo ojos para ti.
Katia se quedó unos segundos en silencio y después de echarle un vistazo a la pareja del fondo, me sonrió de manera pícara.
- Yo lo sé – me besó. Se sentó a mi lado derecho y se echó sobre mí.
Después de unos minutos de silencio en los que yo le acaricié su hermoso pelo castaño y ella pasaba su mano sobre mi pierna, Katia preguntó:
- Daniel, ¿Qué te parece si vamos a la fiesta que se está organizando en la casa de John?
- Mmm, - dudé – no lo sé, Katia…
- Ay, vamos. No seas aguafiestas. Mira que van a ir todos. Hasta el tonto de Jorge con su estúpida novia aceptaron ir.
- Katia, es que me…
- Es verdad, yo misma los escuché cuando aceptaron la invitación que les hizo John. – dijo sentándose firme y sacudiendo la mano en señal de enojo.
No quería ir aquella fiesta, la verdad no me sentía con ánimos de ir. Todo andaba bien en el colegio y mis notas siempre eran buenas. Mis profesores me halagaban por estar un paso más adelante que los demás y en las reuniones de padres les decían que yo podría ser una de las mejores promesas de toda la institución. Por ese motivo el permiso de salir a fiestas u otro lugar era ilimitado; mis padres confiaban tanto en mí que me dieron copias de la casa cuando tenía doce años.
No tenía excusa alguna con la cual salirme por la tangente a Katia. Ella por otro lado me miraba con esa carita de niña regañada que no partía ni un solo plato.
- No me mires así.
- ¡Por favor! – me rogó.
- No, no me vas a convencer – le dije, pero no podía dejar de verla ya que ella se movía hasta mi cara a cualquier lugar que la apartaba. – Está bien. ¡Bien! Iremos a esa estúpida fiesta.
- ¡Gracias! – gritó de alegría y besó mi mejilla. – Iré avisarle a Sara.
La vi alejarse con paso firme entra la manada de estudiantes que pasaban por aquel lugar en ese momento. Siempre obtenía lo que quería con aquella mirada, nunca me pude resistir con esos ojos verdes que me culpaban de no hacer lo que me pedían.
Me volví al frente mío. El lugar estaba casi desierto de no ser por Jenny que estaba parada inmóvil en medio del lugar con la mirada perdida y su cara tan pálida como la de un muerto. Por la izquierda aparecieron un grupo de niñas con la misma falda a cuadros oscuros que llevaba puesta ella. La rodearon con una gran rapidez justo antes que soltara un llanto el cual se vio aplastado por el sonido de la campana que indicaba la entrada a los salones.
miércoles, octubre 25, 2006
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4 comentarios:
Que interesante!... quiero seguir leyendo y ver que pasa con Daniel.
me gusta la forma en q escribes ya q lo haces de una forma en la q uno puede imaginarse dentro de la historia
Bueno pues esta muy muy buena muy cierta muy de la vida diaria, muchas personas se pueden ver incluidas en esta historia con uno d elos personajes y no x ese hecho puede ser algo mal... la historia esta buenisima pero xfa terminala me quede con la intriga de q paso en la fiesta... gracias x haberme dado la oportunidad de leerla esta muy buena pero terminala.._!!! chu
super buena muy conmovedora muy real muy todooo esta finisima... al escritor FELICIDADES y xfa cuando escribas otra hasmelo saber... chau y gracias
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